En este momento estás viendo “Náufrago”.

“Náufrago”.

  • Categoría de la entrada:Actualidad
  • Comentarios de la entrada:Sin comentarios

No se llama Chuck Noland ni es un ejecutivo de la empresa multinacional de mensajería FedEx.

Ese era el protagonista de la taquillera película “Náufrago”, protagonizada por un magistral Tom Hanks, que se estrenó en el año 2000.

El protagonista de esta crónica se llama Joaquín. A secas. Los apellidos están de más.

Tiene 57 años.

Vive en una casita en medio del campo, a las afueras de un pueblo de Soria, cuyo entorno huele a tomillo y manzanilla.

Comparte con Chuck Noland que se ve apartado de su cómoda vida por circunstancias externas y se mueve con holgura en la soledad.

Un naufragio evoca desgracia. Qué otra cosa puede ser cuando se pierde, de forma abrupta, todo lo que se tiene.

Cuando hablas con Joaquín, su voz te transmite que no hay desgracia en su vida.

Sí, inmersión en el campo y crecimiento en el cambio.

El crecimiento que da saber gestionar una soledad entre buscada y encontrada.

Porque una cosa es estar solo y otra muy diferente sentirse solo.

Estar no conlleva de forma inescrutable sentir. 

Cuando se tienen las ideas claras y uno se levanta cada día para construir un proyecto de vida para el que lleva años preparándose, consciente e inconscientemente; la soledad se convierte en un compañero de viaje.

¿Qué te parece si nos remontamos hasta 2018?

Para entonces, Joaquín llevaba tres años trabajando en la ciudad condal, su ciudad, como agente en una inmobiliaria de alto standing.

El perfil de su clientela era, principalmente, empresas extranjeras que alquilaban viviendas para los ejecutivos que enviaban como expatriados a trabajar a Barcelona.

También había inversores extranjeros que veían en el sector inmobiliario una muy buena oportunidad de negocio.

La empresa iba bien. Había mucho movimiento. Se firmaban operaciones con regularidad.

Barcelona, considerada en el extranjero una de las ciudades más atractivas para vivir y trabajar,  atraía muchos perfiles susceptibles de convertirse en clientes de la inmobiliaria.

Hasta que llegó octubre del 2017 con un momento político que marcaría la historia.

Un evento que se vivió como un tsunami a diferentes niveles.

A nosotros nos interesa, para esta crónica, únicamente cómo lo vivió Joaquín.

La declaración de independencia unilateral en Cataluña trajo consecuencias a todas las esferas.

Para nuestro protagonista, la situación extraña que se vivía en la calle tuvo un impacto directo en su trabajo.

La incertidumbre paralizó la llegada de capital extranjero a la ciudad.Los extranjeros simplemente dejaron de ir.

Sin ellos, el movimiento del alquiler bajó y mucho.

Se quedó sin operaciones. Se quedó sin trabajo.

Alquilar viviendas era lo que le había facilitado su ritmo de vida, sus expectativas, su proyección de futuro.

Ahora le ponía entre la espada y la pared.

No solo por la pérdida de su trabajo, sino por el alquiler de su propia vivienda.

Vencía a los pocos meses y renovar se volvió imposible.

Una quimera.

Los precios de los alquileres, para el ciudadano de a pie, se habían disparado.

Entre las viviendas disponibles, nada “potable” bajaba de los 1.000 euros.

El mercado estaba copado por el alquiler vacacional.

La única posibilidad era pasar a compartir piso.

Con 55 años y ante lo que tenía visos de convertirse en una realidad crónica, no era un panorama atrayente.

Tampoco la oferta que le llegó para trabajar en otra empresa del sector inmobiliario.

Sabía que no había mercado.

Se resistió a creer que la opción de malvivir en un piso compartido y de trabajar para subsistir fuese la única.

A sentirse un náufrago en su propia ciudad.

A caminar sin rumbo fijo por las calles cada vez más inhóspitas para los locales, idílicas para los turistas.

La belleza de la ciudad condal es incuestionable.

Pero la belleza no lo es todo. No paga el alquiler.

Se encontraba ante la tesitura de elegir entre lo malo conocido y lo posible bueno por venir.

Abandonar su ciudad. 

Del plan A al plan B se pasa por una visión.

La suya fue verse “donde nadie quiere estar”, según sus propias palabras.

Es decir, las zonas despobladas de España.

Tras varios intentos fallidos, aparecieron Proyecto Arraigo y Enrique.

Enrique, la llave para materializar esta visión, tan empático como simpático, le mostró una comprensión reconfortante.

Comprensión seguida de acción: “te envío formulario, lo rellenas, me cuentas quién eres, qué haces, qué buscas, cuál es tu nivel económico, qué deseas y veo qué se ajusta a tu perfil”.

Y así llegó esa casita deseada, del pueblo apartada. 

Una población de 40 habitantes que ofrece los servicios mínimos necesarios: tienda, bar, médico y acceso a internet.

A 30 Kms. de la encantadora ciudad de Soria. 

“Si estás realmente interesado, ven aquí, conoces la casa, a los propietarios y confirmamos si es lo que quieres”, le dijo Enrique.

Dos semanas después de haber visto la casa, se mudó. Hizo el viaje acompañado de uno de sus hermanos.

Entonces era diciembre del 2018.

El año que le cerró una puerta para abrirle un ventanal.

“Es complicado, pero es una oportunidad”, nos dice Joaquín por teléfono. “En un lugar nuevo, tienes una nueva oportunidad. Abandonas tu pasado”.

¿Qué recomendarías a quien quiera dar un cambio de vida tan drástico como el tuyo?

“Contar con apoyo”, responde contundente.

Se refiere a dos tipos de apoyo.

El primero: apoyarse en entidades como Proyecto Arraigo.

Te facilita todo el proceso. Te sientes acompañado.

Y te abre las puertas de viviendas que, sin ellos responder por nosotros, difícilmente se abrirán.

Alquilar vivienda en un pueblo no tiene nada que ver con alquilarla en la ciudad.

En el pueblo, las distancias cortas son las que mandan.

Y esa distancia solo se acorta con confianza. La confianza que generan los demás por ti porque uno llega con el contador de confianza a cero.

Para los vecinos, la confianza no se presupone. Se gana una vez estás ahí.

Si vas solo, no hay confianza y no entras. Si no entras, no hay confianza.

La pescadilla que se muerde la cola.

Gracias a la misión de empresas como Proyecto Arraigo que hacen por darles vida a través de una repoblación sostenible, poco a poco los pueblos van soltando su cola.

El segundo apoyo: sostenersee en una idea.

«Cuando haces un cambio en el que pasas a estar solo en un nuevo entorno, es muy importante prever cómo vas a ocupar tus horas, tu cabeza», explica Joaquín.

Es necesario tener un proyecto que quieras gestar, un trabajo, una ocupación.

Creatividad al poder. 

Sino, estar solo se convierte en sentirse solo.

Tu mente puede ir por unos derroteros que ponen en jaque tu bienestar, tu salud. 

En el caso de Joaquín, su idea era “venir aquí a concentrarme en lo que quería: ser profesor de meditación”.

Su voz transmite pasión por la meditación.

Esta técnica milenaria nos permite controlar nuestra atención y nuestros pensamientos, lo que se traduce en un mayor control sobre nuestra vida y mejor adaptación a cada situación.

Cuando te encuentres estresado o desconectado de ti mismo, practica la concentración posando tu mirada, tu oído y tu olfato en lo que te rodea, estés donde estés. Si lo acompañas de una respiración consciente, estarás practicando meditación sin darte cuenta.

Nos imaginamos a Joaquín disfrutando de todos sus sentidos en ese entorno repleto de vegetación y de silencios que llenan el alma.

Gracias por recordarnos, Joaquín, la importancia de conectar con uno mismo. De no tener miedo de dejarlo todo para ir por una vida mejor. De vivir con coherencia.

“Solo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir lo lejos que pueden llegar” (T.S. Eliot)

Deja una respuesta