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“Aire para Noemí”

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Cuenta la leyenda cántabra de los Caballeros del Diablo que la noche de San Juan hay que salir a buscar tréboles de cuatro hojas y así impedir que estos representantes del mal lleven a cabo su malvado plan de quemarlos.

Estas pequeñas hierbas de esbelto tallo han sido y son muy deseadas: por algo prometen 100 años sin dolores, sin hambre y sin tristeza, cuando la buena fortuna te cruza con una de ellas.

No fue la noche de San Juan, sino la del 11 de enero de 2020 -día de su cumpleaños, por cierto- cuando Noemí halló su propio trébol de cuatro hojas en Proyecto Arraigo.

Y también a su hada buena, Anjana. Seguramente la más conocida de entre los numerosos personajes de la mitología cántabra.

Anjana es Almudena. Almudema es Anjana.

La primera toma de contacto con Proyecto Arraigo no puede ser más humana, cercana, tranquilizadora.

Un alivio para todos aquellos que, como Noemí, buscan una nueva oportunidad lejos de la ciudad.

Cada uno por un motivo diferente, pero con un fin compartido: evitar que los sueños se pierdan en el tiempo.

Un tiempo en forma de mañana, del próximo año, de cuando sea el momento adecuado, de cuando los demás no nos necesiten…

Solo los avatares de la vida, cual súbitas tempestades, enarbolan nuestras causas y nos empujan a ir a por ellas.

Noemí lo cuenta en primera persona.

Cuando ves los sueños de tus progenitores hacerse añicos justo cuando tienen que empezar a disfrutarlos, llegado ese momento de la vida, largamente esperado, donde uno parece que va a aprovechar cada minuto al máximo porque deja de trabajar; te das cuenta de que no hay tiempo que esperar.

No hay mañana. Hay hoy.

Qué sentido tienen esas jornadas interminables que sirven solo para hacer frente a gastos y más gastos. 

Dónde queda la vida. 

No la calidad de vida.

La vida.

Una vida que gira en torno a trabajo y a un inhalador para el asma, al que tiene que recurrir día sí, día acaso también, entre inapelables ataques que presagian siempre el mismo destino: urgencias.

Cuando está en juego vivir la vida que quieres, esa que no tienes y que sabes que puedes tener, aunque signifique zarpar a otras tierras…

Cuando está en juego respirar bien…

Tocan nuevos aires.

Aires de cambio. Aires de campo.

Aire como el que se respira en las Cinco Villas, zona propuesta por Proyecto Arraigo a Noemí y Nando.

Por su clima favorable para el asma de Noemí.

Por su orografía para Nando, gran amante de la montaña, quien podrá regocijarse monte para arriba, monte para abajo.

Por las oportunidades profesionales en Ejea de los Caballeros para ambos.

Los dos están de acuerdo que quieren un lugar que signifique empezar de cero por igual para cada uno. 

Que quieren pasar la prueba de fuego de sobrevivir al invierno que se presume duro por sus temperaturas y la excesiva tranquilidad del nuevo destino escogido, cuyo topónimo alude a las características de su entorno agreste y fragoso.

Sin embargo, los cántabros se caracterizan por haber sabido luchar siempre contra las adversidades de forma estoica.

No en vano, la vida en las montañas pasiegas nunca resultó fácil.

Tampoco en su bella costa, de donde provienen Noemí y Nando, famosa por sus espléndidas playas y los terapéuticos efectos para la salud del romper de sus olas cantábricas, bautizados como Baños de Ola, que popularizaron entre la nobleza Alfonso XIII y su esposa, Victoria Eugenia, a principios del siglo XX.

Precisamente una de estas playas, la playa Salvé de Laredo, es testigo del encuentro de Noemí y Nando con Enrique, cofundador de Proyecto Arraigo, aprovechando que está en la zona, para confirmar lo que era un secreto a voces: que ambas partes, proyecto y urbanitas, han encontrado en la otra, un prometedor trébol de cuatro hojas. 

Tan solo un mes tras el breve peregrinaje por Las Cinco Villas, Noemí y Nando recalan en el Frago junto a sus dos inseparables perritas, Kira y Neska, quienes saborean también las mieles de esa libertad que da correr sueltas por las calles del pueblo sin preocuparse de correas ni coches.

El Frago, que yergue tranquilo y seguro sobre la loma tallada por el río Arba, te atrapa apenas lo pisas por primera vez.

Noemí tiene claro porqué: es su gente y su infinita hospitalidad.

Desde su llegada el 15 de octubre del 2020, Cantabria y Aragón se funden en este pueblo de unos 50 habitantes fijos, donde impera el espíritu de comunidad y donde se labra, minuto a minuto, la habilidad para disfrutar de pequeñas cosas que saben a gloria, como el bizcocho recién horneado por las manos talentosas de Vero, que se espera al otro lado de la barra con una ilusión propia de niños. 

La vida en el pueblo ha significado “cambiar ruido por descanso y el cantar de los pájaros”, nos dice Noemí. “Aquí vives con menos. Dejas de preocuparte por el ritmo de trabajo y por los gastos. Disfrutas de todo mucho más. Además, ahora desenfundo solo de vez en cuando mi inhalador para el asma”.

Con su carácter sociable y emprendedor, Noemí ha eclipsado a esta localidad que se rinde ante su entrega, su conversación amena y su especial atención con los mayores del pueblo. La joya de la corona, para ella.

El sol calienta la plaza de El Frago, enjambre de conversaciones, risas, rondas que van y vienen, cruce de miradas que llenan de esperanza a un pueblo que escribe su presente y su futuro gracias a las personas que atesora. 

Personas como Noemí, como Nando. 

Sin olvidar a los vecinos que hacen más fácil la arribada de los nuevos residentes; a Luna, la perra negra que fue adoptada por todos hace más de 15 años, mezcla de vigía y cálida bienvenida, con su inagotable cola que agita como si te conociera de toda la vida cuando te recibe; al alcalde, Jose Ramon Reyes Luna, columna vertebral de este pueblo en sus sacudidas para liberarse del yugo de la despoblación a base de iniciativa, acción y decisión.

Como la acertada decisión de colaborar con Proyecto Arraigo para, juntos y con un perenne goteo, traer a las calles de El Frago parte de la gran relevancia que tuvo siglos atrás, cuando los habitantes se contaban a cientos.

Noemí, cántabra de mirada noble y corazón enorme, escribe desde El Frago su propia historia junto a Nando, su compañero de VIDA (sí, ahora sí, con mayúsculas).

Quién sabe si, quizás, le cante a la luna, cuando está en su máximo esplendor, para que le siga concediendo sus deseos:

“Luna, lunera, cascabelera, los siete perrucos en la cabecera”  

  • ¿Tienes que cortarte el pelo, Eladio? Ya te llevo yo a la peluquería de Luna (el pueblo de al lado) … Y nos tomamos algo… Vale.

Sí.

La luna le satisface su anhelo de compartir pequeños grandes momentos con los vecinos que configuran su vida soñada, hecha realidad.

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